En este partido, disputado el 1 de septiembre de 1920, surgió la histórica frase de José María Belauste, que decía «Sabino; a mí el pelotón, que los arrollo». Belauste, de complexión corpulenta y con un característico pañuelo de cuatro nudos en la cabeza, recibió el centro bombeado suave de Sabino y corrió con tanta fuerza que arrolló con el pecho el esférico para introducirlo en las mallas de la portería, llevándose por delante también al portero y tres de jugadores suecos para así igualar el partido.